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Home Semana XXXI EUCOLOGÍA DEL TIEMPO DE PASCUA.
EUCOLOGÍA DEL TIEMPO DE PASCUA. PDF Imprimir E-mail
Escrito por Pbro. Jorge Raúl Villegas Chávez   
Miércoles, 19 de Enero de 2011 13:15

 

Pbro. Lic. Marcelino Delfín Poso

Diócesis de Tabasco

 



El tema a tratar es interesante como los demás ya tratados a lo largo de esta semana de estudio. Y pues uno de los retos es poder explicar en pocas palabras y con profundidad la lex orandi de la Iglesia expresada en su Tradición litúrgica a través de los libros litúrgicos. Una de las cosas que tenemos que recordar de la liturgia romana al irse conformado la riqueza oracional de ésta, lo que busca en la construcción de sus oraciones es que sean de una contenido teológico preciso y que sean sobrias en su expresión.

 

 

Al tratar sobre la eucología del tiempo pascual, como se trata de los otros tiempos litúrgicos, debemos primero tener por lo menos un panorama general que entendemos por eucología, la cual una parte la encontramos en el Misal Romano, porque como se nos decía en unas ponencias que hace unos años en que se trató sobre la tertio editio typica del Misal Romano, éste es un libro de iniciación a la vida espiritual, en éste encontramos un libro de iniciación a la vida espiritual. Expresa lo que la Iglesia ha creído, celebrado y vivido cuando realiza la Eucaristía, corazón de la vida, encuentro íntimo entre Dios y el hombre, fuente de la espiritualidad de la Iglesia.

 

Es una confesión orante del depósito de fe de la Iglesia. Contiene una teología de rodillas, un testimonio de lo que la Iglesia ha profesado y experimentado al celebrar su fe. Es una iniciación en la Oración cristiana.

 

Nosotros no sabemos cómo orar (Rom. 8,26). La iglesia, orando, se ha dejado enseñar, y nos transmite su método de aprendizaje. No es una oración dirigida a cualquier forma de concebir a Dios, sino al verdadero Dios revelado en Cristo. Continuamos la oración de Jesús, que culmino en la Cruz, por todas las necesidades de la iglesia y del mundo, en la cual, prevalece la alabanza y acción de gracias.

 

El Misal, libro de iniciación litúrgica y sacramental. El Misterio Pascual de Cristo, celebrado en el año litúrgico y los sacramentos, se nos presenta a través de ritos y oraciones, que están en el misal.

 

Teniendo todo esto dicho hasta aquí sobre el Misal Romano, ahora si retomamos la idea sobre las eucologias que se encuentran en este libro y partimos de la pregunta ¿qué es una eucología? Trataremos de dar una respuesta sintética ya que este tema no trata propiamente sobre este argumento sino sobre la eucología del tiempo pascual. Por lo tanto no haremos una profundización exhaustiva sino sólo una alusión explicativa a lo que ya hemos referido.

 

 

El término eucología.

 

Neologismo proveniente del griego euché (oración), y logos (discurso), significa propiamente la ciencia que estudia las oraciones y las leyes que rigen su formulación. En un sentido menos propio, pero ya de uso corriente, la eucología es el conjunto de oraciones contenidas en un formulario litúrgico, en un libro o, en general, en los libros de una tradición litúrgica. El conjunto de estos textos se les llama también depósito eucológico. Aquí nos referimos a las fórmulas de oración litúrgica en sentido estricto, no a las fórmulas litúrgicas en general (himnos, antífonas, responsorios, etc.), en la liturgia se encuentra un conjunto de textos muy diversificados por origen, género literario y también por el tipo de uso que de ellos hace la liturgia. Por lo mismo en los textos litúrgicos hay que distinguir ante todo sus diversos géneros literarios: podemos hacer una primera división en dos grandes grupos, según se trate de textos que la Iglesia toma directamente de la Biblia o de fórmulas que ella crea expresamente para su culto. Al primer grupo pertenecen las lecturas escriturísticas y los cantos bíblicos; al segundo todas las demás fórmulas compuestas por la Iglesia, sea que se trate de textos eucológicos o bien de textos poéticos.

 

División

 

La eucología se suele dividir en menor y mayor: A la eucología menor pertenece el conjunto de las simples oraciones, por ejemplo: la oración colecta, la oración sobre las ofrendas, la oración después de la comunión, la oración de bendición sobre el pueblo, las colectas de salmos. A la eucología mayor pertenecen oraciones más complejas como los prefacios, las plegarias eucarísticas, las bendiciones solemnes. En general en cada formulario litúrgico, y respectivamente en cada libro litúrgico, se puede siempre distinguir la eucología mayor y la menor.

 

Naturaleza

 

Las fórmulas eucológicas se distinguen de todos los textos bíblicos ante todo por el origen diverso. Las primeras son creación eclesial en orden a expresar el misterio del culto con un lenguaje de oración, lenguaje que, por lo mismo esta en estrecha relación con el ambiente socio-cultural de la asamblea. La eucología de las diversas tradiciones litúrgicas se convierte en tal modo en la manifestación más característica de la concepción que una determinada Iglesia local tiene de la liturgia y de su misterio.

 

Eucología y Biblia

 

Los textos eucológicos se presentan, por una parte, como inspirados y abundantemente influenciados por la Sagrada Escritura; por otra parte, están revestidos con un ropaje propio de un determinado autor, del tiempo y del lugar en el que fueron escritos. Tales factores caracterizan no solamente el aspecto formal y exterior, sino que influyen también en la misma expresión y comprensión de su contenido doctrinal. El contexto y las expresiones bíblicas presentes en los textos eucológicos, además de ser testimonios de la tradición, son el fruto natural que la Iglesia tiene del misterio de Cristo en su fuente auténtica: la Sagrada Escritura. Se puede decir que la liturgia en general y, sobre todo, de la liturgia romana –ejemplar por su sobriedad- que la eucología no hace más que “coordinar, subrayar e interpretar” el mensaje de los pasos escriturísticos, que ocupan siempre el primer lugar. San Gerónimo creía que la composición de las oraciones cristiana era obligatorio seguir la biblia. De ese modo, él se colocaba en la línea tradicional, que parte de San pablo y pasa por la Didajé, la Tradición Apostólica e Hipólito, etc.

 

Expresión Literaria

 

La Iglesia contempla el misterio de Cristo en la mediación de la palabra de Dios, y lo celebra y describe en su culto con expresiones bíblicas, sirviéndose al mismo tiempo de formas literarias acomodadas a la inteligencia y a la capacidad de comprensión de los fieles de un determinado lugar y tiempo. En el uso de las formas literarias del propio tiempo, la Iglesia no persigue propiamente un fin literario, es decir una perfección estilística; busca más bien una forma noble, además de inteligible y expresiva, para comunicar su pensamiento. De ello nace un estilo literario litúrgico verdadero y propio, que podemos estudiar sobre todo en la eucología latina de los antiguos sacramentarios romanos. En los siglos IV-VI existe una tradición literaria común y una relativa homogeneidad de vocabulario. En este período el lenguaje de las oraciones, aunque de origen diverso, tiene una fisonomía característica, y justamente ha sido llamado latín cristiano-litúrgico. A. Chavase ve en esta lengua litúrgica, común una especie de lenguaje hierático, algo más solemne que el lenguaje de los documentos oficiales, dotado de un vocabulario tradicional y de temas y frases típicas. Todo esto nos interesa, dado que los textos eucológicos de los antiguos sacramentarios romanos son todavía el sustrato principal de la eucología de los libros litúrgicos recientemente promulgados por disposición del Vaticano II.

 

Estructura

 

Imposible, encuadrar los múltiples elementos de todos los textos eucológicos, menores y mayores, en un solo esquema, veamos sólo algunos elementos.

 

Elementos Objetivos

 

Del análisis de los textos eucológicos emerge una multiplicidad de contenidos, los cuales, con todo, puede reducirse a algunos grandes elementos, que constituyen el sustrato de la oración cristiana. La oración, juntamente con el sacrificio, es el acto más expresivo de la ritualidad religiosa. Los textos eucológicos, son en sustancia, fórmulas de oración de la liturgia cristiana. El culto cristiano tiene una estructura dialogal; es un diálogo que se desarrolla entre Dios y el hombre, en Cristo y por la fuerza del Espíritu Santo. Podemos afirmar que las fórmulas eucológicas expresan, en general, el misterio de la salvación cumplida en Jesucristo para nosotros.

 

Este sería el contenido esencial o anamnético, que está en la base y que después suscita, por obra del Espíritu Santo, la alabanza, la acción de gracias, la súplica, etc. la anamnesis o memoria explícita de la hora divina es el elemento esencial si el cual no puede haber oración propiamente cristiana. Todo texto eucológico tiene, pues, un núcleo o contenido sustancialmente común. Lo encontramos expresado ante todo y plenamente en los textos de la tradición anafórica de la Iglesia (plegaria eucarística): memorial de los mirabilia Dei con alabanza y acción de gracias, epíclesis o súplica por la Iglesia y por el mundo. Estos elementos constituyen el contenido esencial de la eucología cristiana, incluso de la menor, en la cual, con todo, puede ser que uno u otro elemento se exprese con un lenguaje muy sucinto.

Elementos Estructurales

 

Si los elementos objetivos constituyen el contenido de los textos eucológicos, los elementos estructurales son las formas de composición en las que este contenido se expresa, de tal modo que a cada elemento de contenido corresponden una o varias formas estructurales de composición. Los elementos objetivos constituyen, pues, el material temático o contenido del que proceden las formas estructurales de composición; por otra parte, este contenido está subordinado en cierto modo a las formas estructurales en las que toma cuerpo. El fin principal de las formas estructurales es dar al texto eucológico una mayor eficacia expresiva. La riqueza y la variedad de las formas estructurales están al servicio de la diversidad de funciones que los textos eucológicos ejercen.

 

Elementos de estructuras típicas.

 

Los elementos de contenido doxológico, es decir todo lo que expresa alabanza, glorificación y exaltación de la grandeza y bondad de Dios, ocupan en la eucología mayor (prefacios, plegarias eucarísticas, etc.) un lugar relevante, mientras que en la eucología menor quedan reducidos, en general, a una simple invocación. La invocación conserva el contenido de alabanza y de acción de gracias en el texto de algunas oraciones matutinas y vespertinas de los antiguos sacramentarios.    

 

Estilos

 

Características estilísticas y rítmicas de la eucología. Nos referimos al estilo de la antigua eucología latina. La eucología cristiana toma sus primeros adornos estilísticos directamente de los textos poéticos del AT, o también del estilo cultual precristiano, como en caso de la redundancia verbal, tan característica de la plegaria eucarística I o canon romano. Nos parece ilustrar aquí la sucesión binaria, adorno estilístico que consiste en la sucesión ordenada de dos miembros del período en correspondencia recíproca. Es un recurso estilístico frecuente en la composición del embolismo del prefacio romano y se encuentra también en las oraciones de bendición sobre el pueblo. El prefacio consta de tres partes principales: formula de exordio, o protocolo inicial, parte central o embolismo y fórmula protocolo final. El embolismo es proposición explicativa, que indica el motivo por el cual se alaba y se da gracias a Dios.

 

Hasta aquí terminamos una visión muy somera y general para despejar algo de la incógnita ¿qué es la eucología? Decía al principio de esta ponencia que era sólo una visión general de ésta puesto que no es propiamente el tema del que estamos tratando aunque nos puede abrir un panorama futuro de estudio personal o de grupo para enriquecernos más sobre este rubro. Al final de este documento podrán encontrar bibliografía, así como también al interno de la temática, para profundizar ampliamente sobre este tema.

 

 

LA EUCOLOGÍA DE PASCUA

 

“Los cincuenta días que van desde el domingo de Resurrección hasta el Domingo de Pentecostés han de ser celebrados con alegría y exultación como se tratase de un solo y único día festivo, más aún, como un gran domingo[2]

 

Con esta afirmación de las Normas del Calendario nos pone en el corazón del Año Litúrgico, o sea, las siete semanas de Pascua debemos celebrarlas como un solo día y largo día de fiesta. Es el objeto central de nuestra fe: porque Cristo sigue viviendo y está presente en todo momento en su Iglesia[3].

 

Al celebrar la Cincuentena Pascual lo hacemos con textos eucológicos que nos ayudan a entrar en la dinámica de Pascua, pero no sólo la Pascua de Cristo sino también la Pascua de cada cristiano. Con esta afirmación no quiero reducir la riqueza bíblica, teológica, litúrgica y de la tradición sino que las eucologías son un elemento dentro de toda la abundancia de aspectos que tenemos para celebrar la pascua.

 

Ciertamente analizar los elementos eucológicos de pascua como del resto de los tiempos litúrgicos no es para agotar la inmensa riqueza que encontramos en los prefacios, oraciones de bendición sobre el pueblo, las oraciones de bendición del agua bautismal, de la confirmación, las mismas plegarias eucarísticas, elementos diversos de la Liturgia de las Horas: las antífonas de los salmos, las oraciones sálmicas, etc., me ceñiré a algunos aspectos nada más de este amplísimo tema que tenemos en nuestras manos.

 

Criterios históricos y teológicos han devuelto al tiempo pascual su carácter cincuentenario, un tanto olvidado durante siglos. Fundándose en ellos, la reforma del Concilio Vaticano II ha restablecido en los libros litúrgicos actuales el genuino sentido de la pascua. Con su ayuda, la comunidad que celebra la pascua descubre su sentido. Así es claro en las prenotandas del Misal Romano, donde se dice taxativamente que los cincuenta días que van de la resurrección hasta el domingo de Pentecostés han de celebrarse con tal alegría y exultación, como si se tratara de un solo y único día festivo, como "un gran domingo" (san Atanasio)

 

Las cincuenta misas festivas y feriales de este tiempo son la fe pascual hecha plegaria, expresada en la formulación de cada una de sus oraciones. La teología pascual puede completarse a través de los cinco nuevos prefacios, más los dos de la ascensión y el de Pentecostés. Los oficios contenidos en la Liturgia de las Horas expresan la fe y la alabanza pascual, que alcanzan las más variadas formas en los diversos elementos que los componen.

 

De las eucologías bien podemos sacar la teología de cada tiempo litúrgico y con una riqueza teológica muy amplia.

 

PREFACIOS

 

  1. a)      Prefacios de Pascua

 

En el Misal Romano encontramos cinco prefacios de pascua cuando antes de la reforma litúrgica solamente teníamos uno. Estos amplían el tema de la victoria pascual de Cristo y pueden expresar válidamente las actitudes de nosotros los creyentes en Cristo en la cincuentena pascual. El tiempo pascual tiene en su fase final dos prefacios posibles para el día de la Ascensión y uno para los días siguientes; Pentecostés, culminación de la Pascua, se celebra con su prefacio propio.

 

La introducción a los prefacios de Pascua manifiestan algo en común, y el motivo por el cual nosotros elevamos nuestras alabanzas al Padre: Cristo nuestra Pascua ha sido inmolado.

 

“En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, glorificarte, Señor, pero más que nunca es esta noche (en la Vigilia); en este día (en la Octava), en este tiempo (el resto de la Cincuentena), en que Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado[4]

 

Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado: Enim Pascha nostrum inmolatus est Christus¡ (1Cor. 5,7). Afirmación de san Pablo que es la clave de los prefacios de Pascua, es su eje, en torno al cual, con distintas variantes, se forma la alabanza. Otro aspecto común a todos los prefacios de Pascua y que es el motivo de toda la cincuentena, día a día: la alegría pascual que se desborda en el mundo entero y al que se asocia el canto de los ángeles, como lo mencionaremos más adelante, citando textualmente la conclusión de los prefacios. Se ha querido resaltar la exultación cósmica que ha estallado con la resurrección del Señor[5].

 

La conclusión de los prefacios de Pascua lo hacen del siguiente modo:

 

Por eso, con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría, y también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan sin cesar el himno de tu gloria[6]”.

 

El motivo del gozo, de alegría es por la experiencia viva, real y de fe por ser testigos del acontecimiento salvífico de la Resurrección del Señor, pero debemos tener presente que la efusión de este gozo pascual es uno de los frutos que nos viene del Espíritu Santo[7], porque con el tiempo de Pascua se inaugura el tiempo del Espíritu, prometido por el Padre y donado por Cristo a su Iglesia. Y a este gozo se unen la corte celestial; como dice la SC en esta tierra peregrina pregustamos del gozo celestial[8].

 

Los cambios en cada prefacio lo encontramos en la motivación central:

 

Prefacio de Pascua I

El Misterio Pascual

Este prefacio se dice en la misa de la vigilia pascual (en esta noche), en la del domingo de Resurrección y durante toda la octava de pascua (en este día), y durante toda la Pascua (en este tiempo).

 

Porque Él es el Cordero de Dios que quitó el pecado del mundo: muriendo, destruyó nuestra muerte, y resucitando, restauró la vida.

 

Prefacio de Pascua II

La Nueva Vida en Cristo

 

Por Él, los hijos de la luz nacen a la vida eterna y las puertas de los cielos han vuelto a abrirse para los que creen en Él, ya que en su muerte murió nuestra muerte y en su gloriosa resurrección hemos resucitado todos.

 

Prefacio de Pascua III

Cristo vive por siempre e intercede por nosotros

 

Porque continuamente se ofrece por nosotros e intercede por todos ante ti el que, inmolado en la cruz, venció la muerte y, una vez muerto, vive para siempre.

 

Prefacio de Pascua IV

Restauración universal por el misterio pascual

 

Porque destruida la antigua situación de pecado, se levanta todo lo que estaba caído y en Cristo se nos otorga la integridad de la vida.

 

Prefacio de pascua V

Cristo, sacerdote y víctima

 

Porque Él, con la oblación de su cuerpo en la cruz, llevó a plenitud los sacrificios de la antigua ley, y al ofrecerse a ti por nuestra salvación quiso ser aun tiempo, víctima, sacerdote y altar.

 

De estos prefacios pascuales podemos señalar algunas ideas que más adelante veremos la teología que emergen de tales prefacios.

 

  • Aspecto redentor de la Pascua: El Cordero de Dios que quitó el pecado del mundo.
  • Fruto bautismal: Los hijos de la luz nacen a la vida eterna
  • Ofrenda perpetua: Continuamente se ofrece por nosotros.
  • Dimensión cósmica de la Pascua: Se levanta todo lo que estaba caído.
  • Cumplimiento de las promesas: llevó a plenitud los sacrificios de la antigua ley ejerciendo su ser sacerdotal

 

En la parte inicial de esta temática recordaba el estudio sobre la tertia editio typica del Misal Romano en la cual se nos recordaba que esté es un instrumento de espiritualidad con sus eucologías y en el estudio de estos prefacios de pascua nos ayudan a situarnos, en clima de alabanza y oración, en las claves justas para celebrar y vivir la Pascua.

 

Teología de los prefacios de Pascua:

 

  1. Cristo, el Cordero Pascual[9]

 

La figura que mejor describe mejor a la persona de Cristo de manera expresiva es la imagen del Cordero que es inmolado y el aspecto sacrificial y salvador de su muerte.

 

No olvidemos que los judíos año con año comiendo el cordero pascual celebran el memorial del Éxodo de Egipto y la alianza con Dios en el Sinaí. Esto les recuerda también que Dios los liberó con la sangre del cordero que marcó las puertas de sus casas en la noche trágica de Egipto. Esta pascua que era figura de la verdadera pascua se ve cumplida el Cristo nuestro Cordero Pascual que ha sido inmolado, porque él es el verdadero Cordero que quitó el pecado del mundo como bien lo anuncian ya los prefacios y además porque por la inmolación de su cuerpo en la cruz, lleva a pleno cumplimiento lo que anunciaban los sacrificios de la antigua alianza.

 

Esta temática del cordero lo anuncia también Isaías con el Siervo que se entregaría por todos y que lo compara como el cordero que es llevado a la muerte Is. 53,7. El mismo Juan Bautista lo presenta como el Cordero que quita el pecado del mundo (Jn. 1,29). El evangelista san Juan hace coincidir la muerte de Jesús en cruz con la hora en que las familias judías sacrificaban sus corderos para la cena pascual.

 

En la liturgia hacemos referencia al sacrificio pascual de Cristo, por ejemplo, en el himno del Gloria: Señor, Dios Cordero de Dios, Hijo del Padre. En la fracción del pan se canta el Cordero de Dios, también en la invitación a la cena: este es el Cordero de Dios.

 

  1. Efectos salvadores de la Pascua para nosotros[10].

 

Al inmolarse Cristo en la cruz y resucitar de entre los muertos, realizó nuestra salvación y nos trae todo bien.

 

Este misterio es expresado en los prefacios pascuales con una doble perspectiva:

  • Negativa: la primera porque en la Pascua del Señor queda derrotada la muerte y el pecado. “Muriendo destruyó nuestra muerte”.
  • Y positiva porque de ahí arranca todo lo nuevo en el cristianismo. “Y resucitando restauró la vida”; “porque en la muerte de Cristo y en su resurrección hemos resucitado todos”.

 

Hay motivo para dar gracias por el misterio bautismal que se renovó en la Pascua, los recién hechos hijos de la luz han participado ya en la inserción de la vida nueva en Cristo “por él los hijos de la luz amanecen a la vida eterna, los creyentes atraviesan los umbrales del Reino de los cielos”.

 

  1. Sacerdocio de Cristo[11].

 

La Pascua se ve también en los prefacios como actitud permanente del resucitado en su existencia escatológica. La Pascua permanece viva en él, en su estado glorioso, porque él está en estado continuo de ofrecimiento y de intercesión por nosotros. Y para siempre, porque ya no puede morir. El Nuevo Testamento contempla a Cristo como el Kyrios, el Cordero victorioso (Apocalipsis), el “ministro del nuevo santuario” (Hebreos), el sacerdote siempre vivo para interceder en nuestro favor (Hebreos y Romanos).

 

El prefacio tercero de pascua dice: Porque continuamente se ofrece por nosotros e intercede por todos ante ti el que, inmolado en la cruz, venció la muerte y, una vez muerto, vive para siempre.

 

Cada vez que celebramos la Eucaristía, que es el signo sacramental de la pascua, actualizamos su entrega en la Cruz como memorial. Entre todos los prefacios se puede decir que nos hacen rezar una teología pascual muy profunda, complementaria de la que se trasluce de las lecturas bíblicas y de las otras oraciones menores de la misa y de la Liturgia de las Horas.

 

  1. Prefacios de la Ascensión.

 

El Misal Romano actual ha enriquecido notablemente la liturgia de la Ascensión, sobre todo con la inclusión de un nuevo prefacio que desarrolla teológicamente el misterio de la Ascensión.

 

La conclusión de los prefacios de la Ascensión siguen remarcando la alegría pascual: Por eso, con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría y también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan sin cesar el himno de tu gloria.

 

Prefacio de la Ascensión I

El misterio de la Ascensión

 

Este prefacio se dice en el día de la Ascensión del Señor; se puede decir también en los días después de la Ascensión hasta el sábado anterior a Pentecostés, en las misas que no tengan prefacio propio.

 

Porque el Señor Jesús, rey de la gloria, triunfador del pecado y de la muerte, ante la admiración de los ángeles, ascendió hoy a lo más alto de los cielos, como mediador entre Dios y los hombres, juez del mundo y Señor de los espíritus celestiales. No se fue para alejarse de nuestra pequeñez, sino para que pusiéramos nuestra esperanza en llegar, como miembro suyos, a donde Él, nuestra cabeza y principio, nos ha precedido.

 

Prefacio de la Ascensión II

El misterio de la Ascensión

 

Este prefacio se dice en el día de la Ascensión del Señor; se puede decir también en los días después de la Ascensión hasta el sábado anterior a Pentecostés, en las misas que no tengan prefacio propio.

 

El cual después de resucitar, se apareció visiblemente a todos sus discípulos y ante sus ojos, se elevó al cielo para hacernos partícipes de su divinidad.

 

Prefacio para después de la Ascensión

En la espera de la venida del Espíritu Santo

 

Este prefacio se dice los días que siguen a la Ascensión el sábado antes del domingo de Pentecostés, en las misas que no tengan prefacio propio.

 

El cual, habiendo entrado una vez para siempre en el santuario del cielo, ahora intercede por nosotros, como mediador que asegura la perenne efusión del Espíritu. Pastor y obispo de nuestras almas, nos invita a la plegaria unánime, a ejemplo de María y los Apóstoles, en la espera de un nuevo Pentecostés.

 

Este prefacio para después de la Ascensión, tiene una nota característica, menciona a María en espera ya de Pentecostés unida a los Apóstoles del Señor. María fue nuestra maestra en el Adviento y la Navidad, testigo fiel y excepcional de los acontecimientos iniciales de la salvación y acogió en su corazón creyente al Mesías, fue testigo valiente y privilegiado en el camino de Cristo hasta su muerte y resurrección y luego de la venida del Espíritu. Es la mejor maestra porque fue la mejor discípula. La madre del Resucitado. La llena del Espíritu. La mujer pascual y pentecostal por excelencia. Modelo entrañable de una comunidad que quiere celebrar la Pascua de su Señor, participando en plenitud en ella y dejándose llenar de su Espíritu[12].

 

Teología de los prefacios de la Ascensión.

 

La solemnidad litúrgica de la Ascensión tiene un esquema muy simple: el dato bíblico del acontecimiento histórico proyectado en una doble perspectiva: cristológica, en cuanto exaltación de Cristo, y eclesiológica en cuanto que la gloria, alcanzada ya por la Cabeza, es participada por el Cuerpo, primero “en prenda”, después en plenitud.

 

“Porque hemos subido con Cristo al cielo, nos alegramos y nos llenamos de gozo. En él y desde él respiramos aires de eternidad, aires del cielo, aires incontaminados de la “montaña”, que tonifican espléndidamente nuestro cuerpo y espíritu, que continúa su peregrinación, a veces encrespada, sobre la tierra, con los pies bien asentados sobre el bajo suelo, conscientes de la misión que tienes que insuflar en el mundo contaminado, de tal modo, que permitan y hagan deseable vivir una vida digna de los hijos de Dios y de los hijos de los hombres”[13].

 

  1. e)      Prefacio de Pentecostés.

 

Prefacio de Pentecostés

El misterio de Pentecostés

 

Porque tú para llevar a su plenitud el misterio pascual, has enviado hoy al Espíritu Santo sobre aquellos a quienes adoptaste como hijos al injertarlos en Cristo, tu Unigénito. Este mismo Espíritu fue quien, al nacer la Iglesia reveló a todos los pueblos el misterio de Dios y unió la diversidad de las lenguas en la confesión de una misma fe.

 

Teología del prefacio de Pentecostés. 

 

El prefacio, compuesto a base de dos prefacios del sacramentario Gelasiano Antiguo –y que sustituye el antiguo De Spiritu Sancto-, glosa en el misterio de Pentecostés. En la primera parte da gracias por la concesión del Espíritu Santo a los que han sido hechos hijos de adopción por el Bautismo, llevando así “a plenitud del misterio pascual”; la segunda se refiere a la acción del Espíritu Santo en la plantación primera –“Iglesia naciente”- y en la restauración rota por el pecado.

 

El prefacio de Pentecostés desarrolla dos grandes ideas: el cumplimiento definitivo de la nueva Alianza entre Dios y los hombres –entre Dios y sus hijos- por medio de Jesucristo y en el Espíritu Santo; y la manifestación de la Iglesia ante el mundo, fundada con la Palabra y la Sangre de Cristo, y garantizada por el testimonio del Espíritu Santo, que impulsa a los Apóstoles a predicar las “maravillas de Dios” y dar sus vidas para participar plenamente en la Resurrección de Jesucristo. Esta doble temática aparece tanto en la misa de la Vigilia como en la del día.

 

EUCOLOGÍAS MENORES

DE PENTECOSTÉS[14].

 

  1. a)      Domingo de Pentecostés (Misa Vespertina).

 

Oración Colecta

 

Dios eterno y todopoderoso, que quisiste consumar el misterio de la muerte, resurrección y ascensión de tu Hijo, con la venida del Espíritu Santo, renueva el prodigio de Pentecostés y haz que todos los pueblos de la tierra superen con tu amor sus diferencias y te reconozcan como Padre.

 

 Esta primera colecta tomada del Gelasiano Antiguo n. 637, remarca que Dios cumple sus promesas al renovar el prodigio de Pentecostés y también remarca la acción del Espíritu Santo como vínculo de comunión que se puede establecer sólo en el amor entre los pueblos divididos entre el odio y el pecado y es el Espíritu quien nos pone en un diálogo como hermanos para reconocernos como hijos de un mismo Padre.

 

O bien, pude decirse la siguiente Colecta:

 

Dios eterno y todopoderoso, haz brillar sobre nosotros tu salvación y concédenos que Cristo, luz de luz, encienda los corazones de quienes hemos renacido a una nueva vida, con el fuego del Espíritu Santo.

 

En la carpeta 2 que trata sobre el Triduo Pascual, Tiempo Pascual y el Tiempo Ordinario de la tercera edición típica del Misal Romano en México, en el 2008 fue enviada a los señores obispos para que la revisaran hicieran las correcciones pertinentes esta segunda colecta aparece ya del siguiente modo:

 

Dios eterno y todopoderoso, haz brillar sobre nosotros el resplandor de tu gloria y concédenos que tu Hijo, luz de luz, encienda los corazones de quienes hemos renacido a una nueva vida, con el fuego del Espíritu Santo.[15]

 

En lugar de salvación ocupa su lugar la frase el resplandor de tu gloria que es más fiel al texto latino splendor effúlgeat. Esta segunda oración está tomada del Sacramentario Gregoriano n. 520

 

Un misal diario, de esos antiguos de 1962, traduce la oración como que el resplandor de tu gloria brille sobre nosotros[16].

 

La segunda colecta no es para hacerla como antiguamente cuando había dos colectas, sino que nos da a elegir solo una. Esta segunda hace una alusión al Bautismo que es luz.

 

Oración Sobre las Ofrendas

 

Que tu Espíritu santificador descienda, Señor, sobre estos dones e inunde de amor a tu Iglesia para que ésta pueda ser, en medio del mundo, tu signo y tu instrumento de salvación.  

 

La oración sobre las ofrendas se refiere al amor, como atributo característico del Espíritu Santo. Pero que a la vez esta acción del Espíritu conduce a la Iglesia a ser testigo en el mundo y sea también instrumento y signo de salvación.

 

Oración Después de la Comunión

 

Que el sacramento que hemos recibido, nos comunique, Señor, el fuego del Espíritu Santo que infundiste a tus Apóstoles el día de Pentecostés.

 

Finalmente, la poscomunión refleja también la idea sobre el Espíritu Santo como el que infunde su fuego sobre los bautizados a ejemplo de los Apóstoles que recibieron ese fuego.

 

  1. b)     Misa vespertina para celebrarse de una forma más extensa.

 

En la carpeta 2 que he citado anteriormente sobre el Misal Romano para México, nos presenta en su página 262, la segunda forma de celebrarse la Vigilia de Pentecostés, y la rúbrica dice: “La Misa de la Vigilia puede celebrarse, entrada la noche, de forma más extensa como se indica a continuación…”

 

De este tipo de celebración más extensa en un dossiers de 1992 J. González dice: “nuestro misal nos ofrece para esta solemnidad una misa vespertina de la vigilia y una misa del día, con igual prefacio pero con una eucología menor distinta. Pero hay más; la misa de la vigilia puede celebrarse de forma más extensa, con mayor abundancia de la palabra de Dios y oración, a imagen de aquella primera Iglesia cuando “estaban todos juntos en el mismo lugar” y el viento y el fuego señalaron la presencia del Espíritu”. Ignoro el dato, y reconozco mi ignorancia en cuanto que desconozco si este autor es catalán o español, porque leyendo el Missal Festiu, publicado por la Abadía de Monserrat en 19982, editado en catalán y que se usa en Barcelona, nos reporta el mismo número de lecturas y salmos así como también el mismo número de oraciones para después de cada lectura, las cuales, por pertenecer al tema de las eucologías las cito textualmente y las he tomado de la carpeta 2 que he citado anteriormente:

 

Dios todopoderoso y eterno, haz que tu Iglesia sea siempre tu familia santa; y que, congregada en la comunión del Padre, y del Hijo y del Espíritu, manifieste al mundo tu santidad y el misterio de tu unidad, y la conduzca a la perfección de tu amor. (Oración para después de la primera lectura).

 

Esta oración que se hace después de la primera lectura, está tomada de la misa por la Iglesia universal formulario C, la cual, al pasar a la misa de la Vigilia de Pentecostés es retocada y con algunos elementos nuevos de redacción.

 

Dios nuestro, que en el monte Sinaí, en el resplandor del fuego diste a Moisés la ley antigua, y que en el día de hoy, con el fuego del Espíritu Santo, manifestaste la nueva Alianza, haz que nuestros corazones ardan con aquel espíritu que infundiste de modo admirable en los Apóstoles, y que el nuevo Israel, reunido de entre todos los pueblos, reciba con alegría el mandamiento eterno de tu amor. (Oración para después de la segunda lectura).

 

Señor, Dios todopoderoso, que restauras al hombre caído y, una vez restaurado, lo conservas, aumenta el número de los que son renovados por tu acción santificadora y haz que todos los que reciben la purificación bautismal sean guiados siempre por tu inspiración. (Oración para después de la tercera lectura)

 

Dios nuestro, que nos has regenerado por tu palabra de vida, derrama sobre nosotros tu Espíritu Santo, para que, viviendo unidos en una misma fe, lleguemos, por la resurrección, a la gloria de una vida incorruptible. (Oración para después de la tercera lectura)

 

Dios nuestro, que tu pueblo se regocije siempre al verse renovado y rejuvenecido por la acción de tu Espíritu Santo; y que la alegría de haber recibido la adopción filial afiance su esperanza de resucitar gloriosamente. (Oración para después de la tercera lectura).

 

Cumple para nosotros, complacido, Señor, tu promesa y envía el Espíritu Santo para que nos convierta, ante el mundo, en testigos valerosos del Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. (Oración para después de la cuarta lectura).

 

Dios eterno y todopoderoso, que quisiste que prolongáramos la celebración del sacramento pascual durante cincuenta días, renueva hoy en tu Iglesia el prodigio de Pentecostés y haz que todos los pueblos de la tierra se congreguen y proclamen la gloria de tu nombre en todas las lenguas y te reconozcan como Padre. (Oración colecta).

El modelo de Vigilia de Pentecostés que nos se propone para enriquecer dicha Vigilia siempre ha gozado de cuatro lecturas con sus respectivos salmos y eucologías propias. Que en el decurso del tiempo sufrieron mutaciones, tanto así que el Misal Tridentino pone seis lecturas con sus respectivas eucologías, ahora bien, la celebración de la Vigilia de Pentecostés ya existía en los sacramentarios antiguos como lo son en el Gelasiano (nn. 618-623) y el Gregoriano (nn. 507-515). Estos sacramentarios hablan de ya cuatro lecturas con su correspondiente eucología menor para después de cada lectura. En cuanto a los textos bíblicos que se leían y las mutaciones que han sufrido a lo largo de la historia no le corresponde decirlo a este ponente ni en esta ponencia.

 

  1. c)      Domingo de Pentecostés (Misa del día)

 

Misa del Día

 

Oración Colecta

 

Dios nuestro que por el misterio de Pentecostés santificas a tu Iglesia extendida por todas las naciones, concede al mundo entero los dones del Espíritu Santo y continúa realizando entre los fieles la unidad y el amor de la primitiva Iglesia.

 

Oración Sobre las Ofrendas

 

Señor, que el Espíritu Santo nos haga comprender mejor, según la promesa de tu Hijo, el misterio de este sacrificio y toda la profundidad del Evangelio.

 

Oración Después de la Comunión

 

Señor, tú que nos concedes participar de la vida divina por medio de tus sacramentos, conserva en nosotros el don de tu amor y la presencia viva del Espíritu Santo, para que esta comunión nos ayude a obtener nuestra salvación eterna.

 

Las oraciones de la misa del día de Pentecostés se refieren a la acción del Espíritu en el misterio de Cristo y de la Iglesia. La colecta, tomada del sacramentario Gelasiano Antiguo, se refiere a la acción santificadora del Espíritu sobre la Iglesia y a Pentecostés como realidad que se actualiza ininterrumpidamente en la Iglesia. La oración sobre las ofrendas, tomada del sacramentario de Bérgamo, habla de la acción del Espíritu Santo en el conocimiento pleno de la doctrina de Cristo y, en concreto, de la Eucaristía. En la poscomunión, compuesta con elementos de la antigua Liturgia Hispánica y del sacramentario Veronense, aparece la íntima unión existente entre la acción del Espíritu Santo y la vida cristiana, y entre el Espíritu Santo y la Eucaristía.

 

 

GLOSAS[17] AL INTERNO

DE LA PLEGARIA EUCARÍSTICA.

 

Ahora mencionaré textualmente algunas glosas que encontramos al interno de la plegaria eucarística, las cuales, nos refuerzan las ideas que hemos venido estudiando en torno a la teología y aspectos propios del tiempo pascual. No trataré todas las glosas para no hacer de esta temática algo pesado, mas sin embargo es bueno, como se dice en algunos seminarios, que en sus tiempos libres, de café y descansos con la Sra. Teresita socia mayoritaria de Buena Prensa, puedan ustedes checar las demás glosas pascuales en el Misal Romano (desde la Misa de la Vigilia Pascual, en la Ascensión del Señor, En el domingo de Pentecostés, etc.).

 

  1. Canon Romano

 

Desde la Misa de la Vigilia Pascual hasta el segundo domingo de Pascua: “Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar (la noche santísima) el día santísimo de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo, según la carne, veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor…”).

 

Desde la Misa de la Vigilia Pascual hasta el segundo domingo de Pascua: “Acepta, Señor en tu bondad, esta ofrendas de tus siervos y de toda tu familia santa, que hoy te ofrecemos especialmente por N. y N. (o bien: aquellos) que has hecho renacer del agua y del Espíritu Santo, perdonándoles todos sus pecados; ordena en tu paz nuestros días, líbranos de la condenación eterna y cuéntanos entre tus elegidos”).

 

El motivo de la reunión dice la primera glosa es para celebrar el gran acontecimiento de la Resurrección, según la carne, anota con precisión el Canon Romano. Y la segunda glosa hace mención específica de los que han renacido del agua y del Espíritu Santo, como fruto de la Pascua de inmolación realizada por Cristo en su carne mortal.

 

  1. b)     Plegaria eucarística II

 

En la Ascensión del Señor: “Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí en el día glorioso en que Cristo ha sido constituido Señor del cielo y de la tierra;”.

 

La Iglesia es testigo de las obras salvíficas de su Señor y se ha reunido en este día de la Ascensión para contemplar a su Señor constituido como Señor del cielo y de la tierra pero que ha sido ganado este título de Señor por medio de su pasión y muerte, o sea, por su misterio pascual redentor.

 

  1. c)      Plegaria eucarística III.

 

En el domingo de Pentecostés: “Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia en el día santísimo en el que la efusión de tu Espíritu ha hecho de ella sacramento de unidad para todos los pueblos.

 

Si Babel es la dispersión, como fruto de la soberbia y presunción del hombre, el Espíritu Santo ora para que los suyos no protagonicen una nueva Babel, sino que se mantengan en la unidad del Padre, que es al unida del Amor. A este rubro es importante tener en cuenta el texto evangélico joánico del capítulo 17, 20-21: “No ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí, para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado”.

 

Tanto la glosa al interno de las plegarias eucarísticas II y III desarrollan las ideas que expresan la colecta de la vigilia de Pentecostés como la misa del día, pero de una manera única y que retoma las mismas ideas y de un modo más amplia que la plegaria eucarística II es esta glosa de la plegaria III.

 

  1. d)     Plegaria eucarística IV.

 

En el memento de las intercesiones particulares. En las misas del día de Pascua, de su octava y en la del Bautismo: “*de nuestros hermanos (N. y N.), que hoy has hecho renacer del agua y del Espíritu Santo”.

 

Esta plegaria eucarística IV en relación a la glosa de Pascua lo hace de una manera muy genérica. Nótese lo parquedad como menciona el misterio de salvación.

 

Ciertamente aun faltan las otras 9 plegarias que tenemos en nuestro Misal Romano pero que no referiré a ellas por la premura del tiempo y de la amplitud de este tema.

 

 

LITURGIA DE LAS HORAS

 

Cuando iniciaba este tema, hice referencia a la Liturgia de la Horas en cuanto que sólo tocaré unos aspectos de ésta, porque nada más con las eucologías de la Eucaristía nos falta tiempo y profundización de la abundante riqueza que nos expresan las oraciones diversas, tanto de la eucaristía, como de la Liturgia de las Horas.

 

Aunque la Liturgia de las Horas se celebre sin canto, todo salmo tiene su antífona, que deberá recitarse incluso en privado. Las antífonas, en efecto, ayudan a poner de manifiesto el género literario del salmo; lo transforman en oración personal; iluminan mejor alguna frase digna de atención y que pudiera pasar inadvertida; proporcionan a un determinado salmo cierta tonalidad peculiar en determinadas circunstancias; más aún, siempre que se excluyan arbitrarias acomodaciones, contribuyen en gran medida a poner de manifiesto la interpretación topológica o festiva y pueden hacer agradable y variada la recitación de los salmos[18].

 

Ya las antífonas es un modo de orar y de interiorizar la gracia del Espíritu que nos hace gustar de los bienes divinos, como dice el salmista: gustad y ved que bueno es el Señor[19]. Este número nos da demasiados elementos para interiorizar el salmo para aprovechar la variedad de dones que provienen de éstos.

 

Pero a lo que quiero referirme más específicamente son a las oraciones sálmicas las cuales cito, por la brevedad del tiempo del tema, dos de ellas más adelante, y el sentido pascual que tienen dichas oraciones. Éstas nos ayudan a darle una interpretación auténticamente cristiana a los salmos e invitan a interiorizarlos a través del silencio.

Las oraciones sálmicas que sirven de ayuda para su interpretación específicamente cristiana, se proponen en el apéndice del libro de la Liturgia de las Horas para cada uno de los salmos y pueden ser utilizadas libremente según la norma de la antigua tradición: concluido el salmo y observando un momento de Silencio, se concluye con una oración que sintetiza los sentimientos de los participantes[20].

 

Estas oraciones son uno de los muchos elementos litúrgicos que se pueden usar libremente, ofrecen el modo de cómo encarnar el salmo en la vida de cada creyente, en su situación concreta de su vida, sea el estado que sea, y a la vez con las oraciones sálmicas son un modo de hacer exégesis. Dichas oraciones son plegarias muy semejantes a las oraciones diversas que tenemos en la liturgia. Las oraciones sálmicas sintetizan el sentido del salmo o algún verso importante de éste[21].

 

El martes en las vísperas de la primera semana recitamos el salmo 20 que lleva el título: acción de gracias por la victoria del rey. Y para interiorizar este salmo se puede agregar la siguiente oración sálmica:

 

Oración I: Señor, tú que has puesto en la cabeza de Cristo una corona de oro fino y, al resucitarlo de entre los muertos, le has concedido el deseo de su corazón, otorga también a tu Iglesia vida, victoria y bendiciones, para que, superando todas las adversidades se sienta colmada de gozo en tu presencia, Por Jesucristo nuestro Señor[22].

 

Para nosotros los cristianos, este salmo es como un himno ante la victoria de Cristo resucitado, como una contemplación gozosa de su triunfo y una acción de gracias por el reino inaugurado en el misterio pascual de Cristo. Cristo se siente colmado de gozo en la presencia del Padre; vestido de honor y majestad, en su resurrección de entre los muertos, ha conseguido la vida que pidió y ve que sus años se prolongan sin término.

 

Este salmo nos hace alegrarnos por el triunfo de Cristo sobre el pecado y la muerte, y pedir también que esta victoria de Jesús, cabeza de la Iglesia, sea finalmente compartida por la misma Iglesia, que es su cuerpo, y por toda la humanidad.

 

También, el martes en las vísperas de la primera semana rezamos el himno a Dios creador tomado del libro de Apocalipsis y al terminar dicho himno podemos hacer la siguiente oración sálmica:

 

Oración I: Señor Dios nuestro, que has creado el universo para nuestro bien y, en el misterio pascual de Cristo, tu Hijo, nos has abierto el sentido de la historia, haz que los hombres de toda raza, pueblo y nación canten con nosotros la salvación que tu Hijo a realizado y disfruten de su triunfo, por los siglos de los siglos[23].

 

O en su defecto esta otra: Oración II: Señor Dios, que has hecho de nosotros un reino de sacerdotes, para que, en nombre de la creación, cantemos tu gloria y demos gracias por la redención de los hombres, ábrenos el sentido del libro sellado para que comprendamos, en el misterio de la muerte y resurrección de tu Hijo, el Cordero degollado y viviente ahora por los siglos de los siglos, el sentido de la historia humana y de sus dolores y contrariedades. Por Jesucristo nuestro Señor[24].

 

Entonemos un himno a Cristo, el Cordero inmolado, porque su misterio pascual seca las lágrimas de los que lloramos desconcertados, ya que por nuestras propias luces humanas no alcanzamos a comprender cómo Dios permite el mal, a la luz del misterio pascual de Cristo comprendemos la historia del mundo, el libro cerrado con los sellos, el sentido del sufrimiento de los buenos. También Cristo sufrió hasta la muerte, y Dios padre lo resucitó. Esta exaltación de Cristo, que sigue a su muerte, nos abre el libro de la historia y sus sellos, nos da a comprender el sentido de los breves sufrimientos presentes.

 

 

CONCLUSIÓN

 

Sin pretender desvalorizar los aspectos rituales y simbólicos de la liturgia ni reducirla a un estéril juego de palabras, hay que tener en cuenta que la palabra ejerce un papel primario en la celebración. Cuando los actos materiales del culto se sustraen al espíritu que los anima y los vivifica, quedan reducidos a un ritualismo vacío, muye cercano a la magia. Si es verdad que las formulas eucológicas no se pueden estudiar desgajadas del rito, Palabra de Dios y la eucología (palabra de la Iglesia) son la parte sustancial y, sobre todo en la liturgia antigua, también la parte preponderante. Con todo, es verdad que la misma fórmula eucológica puede degenerar y convertirse en algo mágico si no logra expresar ninguna dimensión de diálogo, de reciprocidad y de intercambio, dimensiones todas que son esenciales a la auténtica experiencia religiosa. De ahí el problema de la de la creatividad eucológica.

 

La eucología mencionaba en cierto modo refiriéndome al Misal Romano es una auténtica educadora en la fe de los creyentes. Es la oración litúrgica que responde desde la fe del creyente a la Palabra de Dios que nos interpela. La Pastoral Litúrgica tiene aquí un gran campo de trabajo para educar a los cristianos a valorar no sólo la riqueza doctrinal de la eucología sino la espiritualidad que ésta manifiesta ya que nuestro muy querido pueblo es dado a textos de escaso nivel espiritual y doctrinal.

 

Los textos eucológicos son textos oficiales de la Iglesia y en concreto la lex orandi de la Iglesia romana, y por ello también su lex credendi.

 






BIBLIOGRAFÍA PARA PROFUNDIZAR SOBRE EL TEMA.

 

  1. ALDAZABAL José, “Enséñame tus caminos 3, el tiempo pascual día tras día”, dossier CPL Barcelona 68 (19993) 15-16.
  2. ALDAZABAL José, “el sentido de la pascua en sus cinco prefacios”, en dossiers CPL, Barcelona, 4 (19922) 54-55.
  3. ALDAZÁBAL José, Pascua/Pentecostés., Centre de Pastoral Litúrgica, Barcelona 52 (1992) 95-98
  4. BELLAVISTA, J., “La actual cincuentena pascual”, Phase 11 (1971), 223-231.
  5. BELLAVISTA, J., “La cincuentena pascual », en D. Borobio (ed.), La celebración en la Iglesia, vol. 3, Salamanca 1990, 129-170.
  6. BELLAVISTA, J., “Los temas mayores de la cincuentena pascual”, Phase 19 (1979), 125-135.
  7. CANTALAMESSA, R.-, La Pasqua nella Chiesa antica, Turín 1978.
  8. CASEL, O., La Fête de Pâques dan l’Église des Pères. París 1963.
  9. CASTELLANO, J., “Pentecostés o tiempo pascual. Prolongación de la Pascua”, Phase 29 (1989), 123-136.

10.  FLORISTÁN, C., “La cincuentena pascual”, Phase 2 (1962), 95-98.

11.  LÓPEZ, J., El don de la Pascua del Señor. Pneumatología de la cincuentena pascual del Misal Romano, Burgos 1977.

12.  URTASUN Cornelio, “Las oraciones del Misal, escuela de espiritualidad de la Iglesia”, biblioteca litúrgica 5, CPL, Barcelona 1995.

13.  URTASUN Cornelio, “Cuaresma y Pascua en las oraciones feriales”, biblioteca litúrgica 13, CPL, Barcelona 2000.

 

 



[1] Cf. SARTORE D – TRIACCA Achille M, “Eucología” en el Nuevo Diccionario de Liturgia, Ediciones Paulinas, España 1987, 759-772.

[2] Normas sobre el calendario del Papa Pablo VI. n. 22

[3] Cf. SC 7.

[4] Prefacio de Pascua en el Misal Romano.

[5] GRANDEZ Rufino, “Prefacios Pascuales” en Pascua/ Pentecostés, dossiers CPL, Barcelona 52 (1992) 52.

[6] Ibid. Prefacio de Pascua

[7] Gál. 5, 22-23.

[8] SC. 8.

[9] Cf. ALDAZABAL José, “Enséñame tus caminos 3, el tiempo pascual día tras día”, dossier CPL 68, Barcelona 19993, 15-16.

[10] ALDAZABAL José, “el sentido de la pascua en sus cinco prefacios”, en La Cincuentena Pascual, dossiers CPL, Barcelona, 4 (19922) 54-55.

[11] Cf. ALDAZABAL José, “Enséñame tus caminos 3, el tiempo pascual día tras día”, 17.

[12] Cf. ALDAZABAL José, “Enséñame tus caminos 3, el tiempo pascual día tras día”, 17-18.

[13] URTASUN Cornelio, “Las oraciones del Misal, escuela de espiritualidad de la Iglesia”, biblioteca litúrgica 5, CPL, Barcelona 1995, 297.

[14] Tomadas del Misal Romano actual de México.

[15] Texto latino de la tertia editio typica: Præsta, quǽsumus, omnípotens Deus, ut claritátis tuæ super nos splendor effúlgeat, et lux tuæ lucis corda eórum, qui per tuam grátiam sunt renáti, Sancti Spíritus illustratióne confírmet.

[16] Misal diario san José, editado por Rvdo. Padre H. Hoever, Catholic book publishing Co, New York 1962, 362.

[17] Definición de glosa: Una glosa (del Griego Koiné γλώσσα glossa, que significa 'lengua' -- el órgano -- como también 'lenguaje') es una nota escrita en los márgenes o entre las líneas de un libro, en la cual se explica el significado del texto en su idioma original, a veces en otro idioma. Por lo tanto, las glosas pueden variar en su complejidad y elaboración, desde simples notas al margen de algunas palabras que un lector puede encontrar oscuras o difíciles, hasta traducciones completas del texto original y referencias a párrafos similares.

 

[18] Ordenación General de la Liturgia de la Horas. n. 113.

[19] Sal. 34,9

[20] Ibid. n. 112.

[21] ESCOBAR MIRELES Francisco, “Como orar con los salmos”, en Cuadernos Somelit, Obra Nacional de Buena Prensa, México 3 (2002) 79.

[22] FARNÉS SCHERER Pedro, “Moniciones y oraciones sálmicas para laudes y vísperas de las cuatro semanas del salterio”, ed. Regina, Barcelona 1993, 70.

[23] Ibid. pp 72-73.

[24] Ibid. p. 73.

 

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