Encuentros Nals.

| Semana XXVIII de SOMELIT 2008 |
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| Escrito por Pbro. Jorge Raúl Villegas Chávez |
| Miércoles, 19 de Enero de 2011 12:21 |
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J. David Villanueva R.
Sacrificio del calvario y eucaristía están en plena identidad: “Nuestro Salvador, en la última cena, la noche que lo traicionaron, instituyó el sacrificio eucarístico de su cuerpo y sangre, con el cual iba a perpetuar por los siglos, hasta su vuelta, el sacrificio de la cruz y a confiar a su esposa,
La eucaristía se nos presenta como una síntesis del plan o economía de la salvación: Hace presente el sacrificio redentor de la cruz y la resurrección, y nos permite participar de Él. Ella asegura la presencia permanente de Cristo en medio de los suyos, presencia no sólo espiritual, sino de su cuerpo y su sangre realmente.
La eucaristía contiene y expresa la pasión, muerte, resurrección y ascensión del Señor Jesús, indica todo el hecho de su obediencia al Padre aceptando la muerte en cruz para llevar a cabo la “obra de la redención humana y de perfecta glorificación a Dios”, obediencia que tiene respuesta en la glorificación de Jesús, “a quien Dios constituyó Señor y Cristo”.
El que había de someterse ha sido exaltado junto a Dios y le han sido sometidas todas las cosas, del cielo y de la tierra, como al único dispensador de la vida divina.
La eucaristía hace actual, por medio del rito, la muerte redentora del verdadero cordero de Dios y de su glorificación. Esto es lo que se afirma cuando se dice que la eucaristía es sacramento y memorial real y eficaz de la pascua de Cristo.
Todavía se debe ahondar más y precisar que la eucaristía no hace presente únicamente los acontecimientos pasados de la vida del Señor. Es la totalidad de la pascua de Cristo, desde su inicio hasta su culminación futura, al final de los tiempos, lo que se hace actual y presente en el ahora de la celebración sacramental. En otras palabras, el ahora de la eucaristía hace actual el pasado salvífico y anticipa escatológicamente el futuro definitivo.
De ahí la expresión de fe de la asamblea eucarística: “¡Cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz, anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas!”.
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