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CELEBRACIÓN PARA ARRULLAR AL NIÑO DIOS PDF Imprimir E-mail
Escrito por Pbro. Jorge Raúl Villegas Chávez   
Viernes, 25 de Noviembre de 2011 11:09

En México y en muchas partes del mundo tenemos la costumbre de reunirnos en familia la noche del 24 de diciembre, que es la Noche Buena, para convivir, cenar y tener así la oportunidad de celebrar la Navidad con las personas a las que más amamos. Tal vez esta costumbre se haya inspirado en la que existía entre los cristianos de Jerusalén, que acudían a la basílica de Belén y pasaban la noche en plegaria junto a la gruta donde se venera la memoria del nacimiento de Jesucristo.

Reunirse en familia con motivo de la Navidad es una valiosa costumbre, porque nos ubica en el acontecimiento cristiano de la venida de Dios hecho hombre para salvarnos. Además, es la ocasión –quizá la única- en la que un buen número de miembros de una familia se reúnen sin importar distancias, gastos, incomodidades, no solo para recordar, sino sobre todo para vivir la presencia de Cristo entre nosotros.

 

La Navidad es el tiempo en que la Iglesia celebra las manifestaciones del Hijo único de Dios en nuestra carne mortal, desde su nacimiento en el pesebre de Belén hasta el inicio de su ministerio publico.

La fiesta de la Navidad comenzó a celebrarse en el siglo IV, aproximadamente en el año 330. En México, la primera Misa de Navidad o de “gallo” –por celebrarse a la medianoche-, la oficio Fray Pedro de Gante, en el siglo XVI.

De los nacimientos, o belenes, se tienen noticias desde el año 248, pero no es sino hasta el siglo XIII, concretamente en 1223, cuando san Francisco de Asís, en Greccio, Italia, monta el primer belén viviente, comenzando a extenderse la devoción al pesebre. Hoy, se montan de diferentes materiales y formas. Pero lo esencial es contemplar a través de ellos el gran amor de Dios por su creatura: el hombre.

Hemos de tener en cuenta y nunca perder la vista que esta noche es una noche de paz, de tranquilidad, de alegría, de regocijo, ya que estamos esperando justamente que nazca el Niño Dios, que es a quien vamos a celebrar. Todo lo que hagamos en esta reunión se supone que es por la alegría que sentimos de que Jesús venga a nosotros. Por ello, sería lo más adecuado que antes de irnos a la cena familiar pasáramos a la Iglesia, para celebrar con la comunidad cristiana este gran don de Dios para la humanidad: Jesucristo, nuestro Señor.

El padre o la madre de familia inicia:

En el nombre del Padre,

y del Hijo, y del Espíritu Santo.

R: Amen.

 

El Señor Jesús ha nacido de Santa María. El pesebre que adorna nuestro hogar nos recuerda el gran amor del Hijo de Dios, que ha querido habitar entre nosotros. Aquello que ocurrió hace más de dos mil años, lo revivimos esta noche santa. El Señor Jesús es el mismo ayer, hoy y siempre. Que esta Navidad fortalezca nuestros corazones, llene de bendiciones a nuestra familia y asista con su luz a la Iglesia diseminada por el mundo entero.

Así pues, alabemos y demos gracias al Señor, que tanto amo al mundo y le entrego a su Hijo único.

 

 

LECTURA BIBLICA

Uno de los miembros de la familia lee el siguiente texto de la Sagrada Escritura:

Del santo Evangelio según san Lucas: 2,1-14

Por aquellos días, se promulgo un edicto de Cesar Augusto, que ordenaba un censo de todo el imperio. Este primer censo se hizo cuando Quirino era gobernante de Siria. Todos iban a empadronarse, cada uno en su propia ciudad; así es que también José, perteneciente a la casa y familia de David, se dirigió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, llamada Belén, para empadronarse, juntamente con María, su esposa, que estaba encinta.

Mientras estaban ahí, le llego a María el tiempo de dar a luz y tuvo a su hijo primogénito; lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no hubo lugar para ellos en la posada.

En aquella región había unos pastores que pasaban la noche en el campo, vigilando por turno sus rebaños. Un ángel del Señor se les apareció y la gloria de Dios los envolvió con su luz y se llenaron de temor. El ángel les dijo: “No teman. Les traigo una buena noticia, que causara gran alegría a todo el pueblo: hoy les ha nacido, en la ciudad de David, un Salvador, que es el Mesías, el Señor. Esto les servirá de señal: encontraran al niño envuelto en pañales y recostado en un pesebre”.

De pronto se le unió al ángel una multitud del ejercito celestial, que alababa a Dios, diciendo: “¡Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad!”.

Palabra del Señor.

R: Gloria a ti, Señor Jesús.

 

 

PARA ARRULLAR AL NIÑO DIOS

Antes de arrullar y acostar al Niño en el pesebre, el más pequeño de la familia nos lo da a besar.

A la rorro Niño, a la rorro, ro,

duérmete bien mío, duérmete mi amor.

Noche buena venturosa, noche de alegría,

bendita la dulce, divina María.

De los soberanos, tu, dueño y Señor;

naces entre pajas solo por mi amor.

Los amantes brazos de una Virgen Santa,

son los que te sirven de primera cama.

Duérmete, Niño amado, duerme, Niño tierno,

sírvate de cuna mi filial cariño.

Salve, Niño amante, que con tierno celo

salvar al hombre bajaste del cielo.

Después de acostar al Niño Dios en el pesebre, algunos miembros de la familia pueden hacer las siguientes oraciones en voz alta.

El padre o la madre dicen lo siguiente:

En este momento en que nos hemos reunido como familia para iniciar las fiestas de la Navidad, dirijamos nuestra oración al Señor Jesús, Hijo de Dios vivo y de Santa María, que quiso ser también Hijo de una familia humana, y digámosle:

Por tu nacimiento, Señor, protege a nuestra familia.

1. Señor Jesús, Palabra eterna, que al venir al mundo anunciaste la alegría a la tierra, alegra nuestros corazones con la alegría de tu visita. Oremos.

2. Reconciliador del mundo, que con tu nacimiento nos has revelado la fidelidad de Dios Padre a sus promesas, haz que nosotros seamos también fieles a las promesas de nuestro Bautismo. Oremos.

3. Rey del cielo y de la tierra, que por tus ángeles anunciaste la paz a los hombres, conserva en tu paz nuestras vidas y que haya paz en nuestras familias y en todo el mundo. Oremos.

4. Hijo de Santa María, que quisiste hacerte Hijo de una mujer, concédenos descubrir que María es también nuestra Madre, y ayúdanos a amarla con la ternura filial de tu corazón. Oremos.

 

El padre o la madre concluyen con la siguiente oración:

Señor Dios, Padre nuestro,

que tanto amaste al mundo

que nos entregaste a tu Hijo único,

nacido de la Virgen María,

dígnate bendecir este nacimiento

y a la familia cristiana

que está aquí presente,

para que las imágenes de este belén

nos ayuden a profundizar en la fe.

Te lo pedimos por Jesús, tu Hijo amado,

que vive y reina por los siglos de los siglos.

Amén.

Concluida la oración, se entona algún villancico

 

Tomado del Boletín Guadalupano, año III, n. 48

Última actualización el Viernes, 25 de Noviembre de 2011 12:08
 

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