Encuentros Nals.

| La teología de la Iniciación Cristiana |
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| Escrito por Francisco javier Montes Ramírez |
| Martes, 02 de Febrero de 2010 13:48 |
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Tema de la Semana: “La Iniciación Cristiana en el contexto de la Misión Continental”
E x p o s i c i ó n:
“ La Teología de la Iniciación Cristiana”
Pbro. Lic. Francisco Javier Montes Ramírez (Arquidiócesis de Tijuana)
Cholula, Puebla 2009 Introducción
Cuando hablamos de la Iniciación Cristiana tenemos que hacer mención de las decisiones del Concilio Vaticano II que han dado sus frutos en la Iglesia Universal de la actualización de aquella reforma litúrgica que comenzó ya casi van a ser doscientos años, en los inicios del siglo XX. Nosotros como Continente Latinoamericano y más concretamente como Conferencia Episcopal Mexicana, ya se ha tratado y se sigue haciendo más recientemente a la luz de Aparecida de los sacramentos de la Iniciación Cristiana. Ya existe un gran documento que trata el tema y excelentemente bien elaborado y presentado por el Pbro. Lic. Felipe de Jesús León Ojeda, en los documentos del CELAM el número 2 de la colección que salió a luz pública y es un gran instrumento de catequesis y un bonito adorno para sus bibliotecas personales. Por lo tanto, no voy a dar un resumen de dicho documento, sino enriquecer el tema con otra visión teológica. Por eso decimos, que por los sacramentos de la Iniciación Cristiana, los hombres son liberados del poder de las tinieblas, mueren, son sepultados y resucitan con Cristo; y así, reciben por el Espíritu el ser hijos adoptivos y con ello celebran con todo el pueblo de Dios, el Domingo, “día del Señor”, el memorial de la muerte y resurrección del Señor. En efecto, se incorporan a Cristo por el Bautismo y así son agregados a la familia de Dios, pueblo santo, recibiendo el perdón de todos sus pecados y sacados del dominio de las tinieblas, son llevados al reino de los hijos adoptivos de Dios (Cfr. Col 1, 13; Rom 8, 15; Gal 4, 5), se convierten en nuevas creaturas por el agua y el Espíritu Santo. Por lo cual se llaman hijos de Dios y lo son (Cfr. 1 Jn 3, 1; RBN 68). Marcados luego en la Confirmación por la plenitud y el don del Espíritu Santo, así es como quedan configurados perfectamente con el Señor y dan testimonio de él ante el mundo, cooperando así al crecimiento del cuerpo de Cristo y cuanto antes, llevarlo a su plenitud. Finalmente, cuando participan en la asamblea eucarística, se alimentan de la carne del Hijo del hombre y beben su sangre, recibiendo así la vida eterna (Cfr. Jn 6, 55) y manifiestan la unidad del pueblo de Dios. Cuando se ofrecen a sí mismo con Cristo, celebran un sacrificio universal, que es el ofrecimiento de todo el pueblo redimido (Cfr. PO 2) hecho a Dios por el Sumo Sacerdote, y obtienen con sus ruegos que todo el género humano se acerque cada vez más a la unidad de la familia de Dios (Cfr. LG 28), por medio de una efusión más abundante del Espíritu Santo. Por lo tanto, los tres sacramentos de la Iniciación Cristiana están de tal manera unidos entre sí que llevan hasta su completo desarrollo a los fieles, los cuales ejercen la misión de todo el pueblo cristiano en la Iglesia y en el mundo (LG 31). 1.- Punto de Partida[1]
El concepto y la realidad de esto que llamamos “iniciación cristiana” hunde sus raíces en la misma antropología y en la estructura social del hombre. El término “iniciación” expresa un fenómeno humano general, que hace referencia al proceso de adaptación, de conocimiento y socialización que toda persona humana está obligada a realizar en relación al ambiente físico, social, cultural y religioso en el que viene a encontrarse que: es un proceso que pone a todos en la condición de configurarse a la reglas, a los planteamientos y opiniones propias del ambiente en el cual se vive. La iniciación es entonces, una condición universal de la existencia humana aunque se asumen diversas modalidades y tipologías según los pueblos y las épocas. Consideremos pues, que “iniciación cristiana” es una expresión nueva con respecto a la tradición lingüística más afirmada en la historia del cristianismo, sobre todo en Occidente. No es una expresión procedente del lenguaje bíblico, sino de aquel religioso, particularmente de aquellas antiguas religiones llamadas “mistéricas”. Por consecuencia, cuando el cristianismo adopta el lenguaje de la iniciación, no habla la lengua propia, sino aquella de la sociedad en la que se encuentra. De cualquier modo, la expresión en cuestión es conocida por la tradición patrística y ha sido recuperada sustancialmente en el actual lenguaje cristiano, particularmente en el aspecto sacramental –primero en el área de las iglesias evangélicas y después en la teología católica– para indicar el proceso complejo no solo ritual por el que el hombre y la mujer llegan a ser cristianos. La Iglesia antigua, sobre todo aquella griega, consideró entonces el poder hablar de iniciación a propósito del cristianismo. Se buscó adoptar el lenguaje de los no cristianos para poder explicar, en su lenguaje, la realidad del cristianismo. Pero, naturalmente, esto se hizo con las correcciones oportunas. Para una extensión del término, en las ciencias histórico–etno–religiosas, iniciación indica: un complejo de ritos y de enseñanzas orales, cuyo objetivo es aquello de producir una radical modificación en el estado religioso y social de la persona que debe ser iniciada. Al término del procedimiento que es sometido, el candidato sale totalmente diverso, y llega a ser otro (a): el iniciado es un ser transformado. Las religiones mistéricas tienen una gran influencia sobre el cristianismo y el gran teólogo, filósofo y filólogo Odo Casel, su investigación y divulgación de la presencia del misterio salvífico en el culto ha sido uno de los logros más cualificados de la teología del presente siglo[2]. Resulta difícil documentar y valorar el peso que muchos factores influyeron en el origen y organización del antiguo catecumenado cristiano, aunque si es innegable su influjo, algunas veces muy relevante en la historia, otras veces más indirecto. De cualquier modo, no hay duda que el camino catecumenal y la iniciación sacramental, previstos desde la Iglesia antigua, presentan autonomía y originalidad con respecto a los itinerarios de iniciación de las religiones mistéricas.
2.- Bautismo–Confirmación–Eucaristía una Unidad Celebrativa y Teológica
En la antigüedad, la cuestión de la unidad de los sacramentos de iniciación no se formulaba. Se vivía sin teorizarla, mucho más fácilmente en cuanto los tres gestos rituales de iniciación tenían lugar mayormente en una celebración. Independientemente de la validez del término que sirva para explicarla, el descubrimiento de la unidad que caracteriza los tres primeros sacramentos de la vida cristiana, es un valor que se considera ya recuperado, una conquista que necesita conservar, consolidar y profundizar. Bautismo–Confirmación– Eucaristía son para considerarse como un solo conjunto sacramental, forman de hecho una unidad teológica y no sólo celebrativa, son como las tres faces de un mismo misterio. Tertuliano ha descrito, en modo sintético, la unidad de este proceso sacramental con las siguientes palabras:
“La carne viene lavada, para que el alma sea purificada; la carne recibe la unción, para que el alma sea consagrada; sobre la carne se hace el signo de la cruz, para que el alma sea fortalecida; la carne es ensombrecida por la imposición de las manos, para que el alma sea iluminada por el Espíritu; la carne se nutre del cuerpo y sangre de Cristo, para que el alma sea alimento de Dios”[3]
San Agustín, en uno de sus sermones a los neófitos, expresó con grande fuerza de imágenes, la dinámica que une los tres signos sacramentales de la iniciación y el progresivo perfeccionamiento que estos obran en el creyente:
“Primero han sido triturados con la humillación del ayuno y con el sacramento del exorcismo. Después ha sido el bautismo y han sido como amasados con el agua para tomar la forma del pan. Pero, aún no se tiene el pan si no hay fuego. Y ¿qué es lo que explica el fuego, o sea, la unción del óleo? De hecho el óleo, que es alimento para el fuego, es el signo sacramental del Espíritu Santo […]. Entonces, viene el Espíritu Santo, el fuego después del agua, y ustedes llegan a ser panes, es decir, cuerpo de Cristo”[4]
En siglo XIII, época en que la unidad sacramental de la Iniciación Cristiana, ya con el tiempo se desmoronó en el plano de la praxis celebrativa en Occidente, Santo Tomás de Aquino la ratifica ahora en el plano teológico, afirmando que si el niño bautizado viene justificado y santificado, esto es en fuerza del deseo (votum) de la madre Iglesia, de llevarlo un día hasta la mesa eucarística[5]. No se es cristiano a título completo hasta que no se hayan recibido los tres sacramentos de Bautismo, Confirmación y Eucaristía. De hecho, «los tres sacramentos de la iniciación cristiana están tan íntimamente unidos entre sí, que llevan a los fieles a aquella madurez cristiana para que puedan cumplir en la Iglesia y en el mundo, la misión propia del pueblo de Dios»[6]. Los tres sacramentos realizan la inserción del hombre en el misterio de Cristo, haciéndolo participar en el evento salvífico de su pascua, en el cual toma parte pero progresivamente y de modo diverso: de modo inicial en el Bautismo–Confirmación, plenamente en la Eucaristía; una sola vez en los dos primeros sacramentos, repetidamente en el tercero. La Eucaristía no es sólo sacramento de iniciación, sino que también es sacramento de los iniciados y centro (fuente y culmen) de la vida cristiana plena. Dicha con otras palabras, la relación con el evento de la Pascua –sacramentalmente mediado en la Eucaristía– se hace posible solo en fuerza de aquel renacimiento «por el agua y por el Espíritu», a través del cual Dios, una vez para siempre de manera irreversible, habilita al hombre para entrar en re tal relación. En los textos de Agustín de Hipona y en otros numerosos textos de los Padres de la Iglesia, está claro que la iniciación sacramental comporta un antes y un después que forman una sola realidad con los ritos sacramentales. La Iniciación cristiana es para considerarse también como un camino o un proceso formativo que requiere las etapas sacramentales. En el Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica se explica más autorizadamente que da una descripción de la Iniciación Cristiana en estos términos:
“Desde los tiempos apostólicos, para llegar a ser cristiano se sigue un camino y una iniciación que consta de varias etapas. Este camino puede ser recorrido rápida o lentamente. Y comprende siempre algunos elementos esenciales: el anuncio de la Palabra, la acogida del Evangelio que lleva a la conversión, la profesión de fe, el Bautismo, la efusión del Espíritu Santo, el acceso a la comunión eucarística” (CCC n. 1229).
El acceso al misterio de Cristo, actuado a través de la Iniciación sacramental, comporta para el neófito, el abrir “los ojos de la fe”, es decir, la introducción en un nuevo y más profundo mundo de conocimiento; un conocimiento que no se reduce al mundo intelectual, sino que se configura como experiencia del “misterio”, simultáneamente celebrado y contemplado. La incorporación a Jesucristo y a la Iglesia, implican un proceso al cual el momento sacramental pertenece como un elemento originario y constitutivo, también si tal proceso no puede ser reducido al sólo momento ritual de los sacramentos. Este proceso es un proceso de iniciación. No se tiene verdadera Iniciación Cristiana sin que no se tenga al mismo tiempo iniciación o experiencia consciente y progresiva de fe. La fe precede, acompaña y sigue el sacramento. Por otra parte, la fe no es para concebirse como elemento exterior y yuxtapuesto con respecto al acto sacramental, sino como constitutivo de la estructura misma de tal acto. Los sacramentos de Iniciación Cristiana deben ser considerados, por lo tanto, en el contexto global de una maduración libre y comprometedora de la fe.
3.- Iniciación Cristiana en el Concilio Vaticano II[7]
La reforma del Vaticano II había estado preparada por un movimiento renovador, que afectaba no sólo al campo litúrgico, sino también al campo escriturístico, patrístico, eclesiológico. Entre las causas de este retomar el concepto de iniciación, se puede citar, en la primera parte del siglo XX, el movimiento de evangelización misionera, es decir, de los países no europeos, que ponen de nuevo el cristianismo en contacto con las iniciaciones no cristianas y vuelve a proponer el acceso de los adultos a la fe. El llamado «movimiento litúrgico» fue, también en lo relativo al sacramento del bautismo, el contexto básico de una reforma. Junto a las discusiones teológicas con protestantes y anglicanos, respecto a la Iniciación Cristiana (fundamento del bautismo de niños: sentido de la confirmación), hay que señalar la extensión del catecumenado tanto en África como en Centroeuropa, la conciencia de una necesidad de renovación del bautismo en un mundo cada vez más descristianizado, y el impulso de un naciente movimiento ecuménico…[8]. Como hemos dicho antes, el concepto de Iniciación Cristiana es relativamente nuevo. La recuperación oficial sucede sobre todo con el Concilio Vaticano II, en los diversos documentos, que se examinan brevemente a continuación. La Sacrosanctum Concilium es el primer documento del Vaticano II que se refiere al tema. En el n. 7 afirma la unidad de los tres sacramentos, y pide que se revisen los ritos «para que aparezca más claramente la íntima relación de este sacramento (confirmación) con toda la Iniciación Cristiana». Pero es sobre todo el decreto Ad Gentes, n. 14 el que mejor expresa esta recuperación, recogiendo los siguientes aspectos:
v Trata directamente del catecumenado e iniciación en los países de misión. v Aplica el nombre de «sacramentos de Iniciación cristiana» a los tres sacramentos. v Pero la Iniciación también tiene como elemento integrante el catecumenado. v Supone un proceso, o noviciado, que abarca un tiempo y espacio determinados. v Su objetivo es introducir al misterio de la salvación, y a la vida del pueblo de Dios. v Para ser plena la Iniciación Cristiana debe ser doctrinal–moral y ritual. v No se trata de un proceso individual, sino que compromete a la comunidad entera. v Y, además, exige del evangelizado e iniciado que en adelante será un evangelizador.
La Presbiterorum Ordinis, n. 5, insistirá, por su parte en que la Eucaristía es el punto culminante de toda predicación evangélica, del catecumenado, y de la Iniciación, y hacia ella van conduciendo progresivamente los otros sacramentos.
4.- Estructura del Rito completo de la Iniciación Cristiana
Fiel a las directivas del Vaticano II, el RICA, optó por una Iniciación Cristiana inspirada en las elecciones fundamentales de la experiencia catecumenal, sobre todo de los siglos III–IV. Y para hablar de una teología de la Iniciación Cristiana debemos ir al texto mismo, editio typica y la adaptación a nuestra CEM el 29 de junio de 1996. El nuevo Ritual comprende no sólo las celebraciones de los tres sacramentos de la Iniciación Cristiana, sino también todos los ritos del catecumenado (no 2). Esto es lo que constituye la gran novedad. Pues, precisamente, el rito se vuelve a estos ritos del catecumenado que el Concilio decretó y estableció de volver a verse y de adaptarse a las tradiciones locales. La Iniciación Cristiana propuesta por el RICA no se concentra en un acto puntual, sino que se articula en un proceso, suficientemente extendido en el tiempo, para hacer despertar la fe en el nuevo simpatizante, sucesivamente profundizada con un aprendizaje de la vida cristiana integral y al término, por la Iniciación sacramental integral, que conduce al nuevo creyente a la participación del misterio de la muerte y de la resurrección de Cristo; y al mismo tiempo, el aspirante viene guiado hacia la integración plena en la Iglesia. El camino de iniciación propuesto en la Iglesia, prevé cuatro tiempos o períodos (tempora), distanciados por tres pasos o grados (gradus). Cada período es un tiempo de búsqueda, de escucha de la Palabra, de una rica experiencia litúrgica, de oración y de esfuerzo de conversión.
Primer Período: Pre—Catecumenado Es un período de búsqueda, de duración no determinada, caracterizado por una primera evangelización, que volviéndose al precatecúmeno, «para que madures la verdadera voluntad de seguir a Cristo y de pedir el bautismo» (n. 10)[9]. Los candidatos, denominados «simpatizantes» (n. 13), están sostenidos por la oración del Pueblo de Dios y encuentros acogedores con familias y comunidades cristianas. En esta primera fase cada candidato es «acompañado por un responsable o “garante”, es decir de un hombre o una mujer que lo ha conocido, lo ha ayudado y es testigo de sus costumbres, de su fe y de su intención» (n. 42). Al final de este período, el juicio sobre la idoneidad del candidato para el ingreso en el orden de los catecúmenos «corresponde a los pastores, con la ayuda de los “garantes”, de los catequistas y de los diáconos» (n. 16). Una vez que el juicio de idoneidad sea positivo, los candidatos llegan al primer grado o paso con el ingreso en el catecumenado verdadero y propio, en el curso de un rito de admisión que tiene un momento culminante cuando el celebrante traza el signo de la cruz sobre la frente del candidato y que se concluye generalmente con la entrega de los Evangelios, la oración por los catecúmenos y su despedida. «Después de la celebración del rito, los nombres de los catecúmenos son inscritos oportunamente en un libro destinado a este fin» (n. 17). Desde este momento, los candidatos, ya «catecúmenos», vienen considerados cristianos, aunque en modo imperfecto, y ya pertenecen a la Iglesia (cfr. n. 18). Segundo Período: El Catecumenado Este período puede prolongarse por diferentes años, «está dedicado a la catequesis y a los ritos que están conectados a ella» (n. 7, b). La catequesis, «dispuesta por grados y presentada integralmente, adaptada al año litúrgico y fundada en las celebraciones de la Palabra, lleva a los catecúmenos no sólo a un conveniente conocimiento de los dogmas y de los preceptos, sino también al íntimo conocimiento del misterio de la salvación, por el que decidirán las aplicaciones a sí mismos» (n. 19, 1). Las celebraciones rituales de hacerse durante el tiempo del catecumenado son: las celebraciones de la Palabra, los exorcismos menores, las bendiciones. La comunidad eclesial toma parte activa en estas celebraciones. Logrado un suficiente conocimiento de la doctrina cristiana y la conversión de la mente y del modo de vida, los catecúmenos, que vienen juzgados idóneos, logrando el segundo grado con el rito de la elección, que viene habitualmente en el primer domingo de cuaresma. La celebración, hecha por el obispo o por su delegado, después de la liturgia de la Palabra, prevé la presentación de los candidatos, la convalidación de su admisión, la inscripción del nombre, la oración por los elegidos y su despedida. Gozo y acción de gracias debería caracterizar esta celebración de la elección, llamada gratuidad de Dios.
Tercer Período: Purificación e Iluminación El tercer tiempo es aquello de los «elegidos», «concursante» (competentes) o «iluminados» (cfr. n. 24). Este período normalmente coincide con el tiempo cuaresmal, del cual absorbe toda la espiritualidad y la eclesialidad. Se trata de un tiempo de purificación y de iluminación, en el que los elegidos «junto con la comunidad local, se esfuerzan en la renovación espiritual para prepararse a las fiestas pascuales y a la iniciación de los sacramentos» (n. 152). Este camino espiritual es acompañado de varios ritos litúrgicos, en particular, los escrutinios (en el III, IV y V domingo de cuaresma), las entregas del Símbolo de la fe y del Padre nuestro y la preparación próxima en el sábado santo (con la restitución del Símbolo, el rito del effetà y eventualmente, la unción con el óleo de los catecúmenos). Finalmente, los elegidos logran el tercer grado con la celebración de los sacramentos de la Iniciación Cristiana (Bautismo, Confirmación y Eucaristía) que según la tradición, tiene lugar en la noche la vigilia pascual. La celebración del bautismo inicia con la letanías de los santos, continúa con la bendición del agua, sigue la renuncia a Satanás, la unción el óleo de los catecúmenos (si no ha sido anticipada) y la profesión de fe. Se llega así al corazón de la celebración, el acto bautismal por inmersión o por infusión (nn. 220–221). Se siguen después los ritos «ritos explicativos» de las vestimentas blancas y del cirio encendido. Luego, por regla sigue, trasladada la unción postbautismal, la administración de la confirmación. El todo se concluye con la primera participación en la Eucaristía.
Cuarto Período: La Mistagogía El cuarto tiempo, dura por completo en el tiempo pascual, es destinado, a través de la catequesis y la experiencia de los sacramentos, a adquirir una nueva inteligencia de los «misterios» celebrados y a extraer «un nuevo sentido de la fe, de la Iglesia y del mundo» (n. 38). Al mismo tiempo, en esta última etapa de la iniciación, los neófitos profundizan la experiencia de la vida comunitaria (cfr. n. 39). El momento ritual más expresivo de este período son las «misas por los neófitos» o misas de los domingos de pascua con la participación de toda la comunidad local (cfr. n. 40). El tiempo de la mistagogía, que se cierra en torno al domingo de Pentecostés con alguna celebración particular, pone término a la Iniciación Cristiana.
Estructura del Rito de la Iniciación Cristiana de Adultos
1er Tiempo del Precatecumenado ® Duración: variable ® Nombre: «precatecúmenos» «simpatizantes» ® Tiempo de evangelización ® Tiempo de fe y de conversión inicial ® Posibilidad de un rito de acogida de los «simpatizantes» ® La comunidad e los pastores son invitados a orar 1er Grado: Rito de admisión al catecumenado
2o Tiempo del Catecumenado ® Duración: de uno a más años ® Nombre: «catecúmenos» ® Tiempo de catequesis ® Tiempo de cambio de mentalidad y costumbres, de testimonio de vida y profesión de fe. ® La comunidad participada en los momentos celebrativos previstos ® Ritos particulares: celebración de la Palabra, exorcismos menores y bendiciones 2o Grado: Rito de la elección
3er Tiempo de la Preparación Cuaresmal ® Duración: cuaresma ® Nombre: «elegidos» ® Tiempo de purificación e iluminación espiritual ® Testimonio de los fieles sobre los catecúmenos y participación de todos en los ritos previstos ® Escrutinios ® Entrega del Símbolo y del Padre nuestro ® Ritos inmediatamente preparatorios de la pre vigilia pascual 3er Grado: Celebraciones de los sacramentos de la Iniciación Cristiana
4o Tiempo de la Mistagogía ® Duración: Tiempo Pascual ® Nombre: «neófitos» ® Tiempo de experiencia de los sacramentos recibidos y de vida comunitaria ® Misas por los neófitos con participación de la comunidad local Conclusión
La estructura del RICA, que hemos ilustrado en el tema antes dicho, implica algunas precisiones teológicas–litúrgicas. Aquí ponemos en evidencia aquellas que indican la recuperación de algunos valores tradicionales. Nos encontramos de frente a un rito profundamente inspirado en la tradición, especialmente en la Traditio Apostolica y en el Sacramentario Gelasiano, pero adaptado a la situación pastoral de hoy. El Ritual demuestra la fidelidad a un dato teológico brotado de una praxis arraigada. Hay debajo toda una “mens” teológica que se demuestra en la precisa indicación de la fuente de la eucología, pero que no se queda estancada en el pasado. Junto a fórmulas tratadas de la Tradición Occidental, se han elaborado nuevas composiciones para vitalizar, en la medida de lo posible, precisamente los elementos más discutidos, como los escrutinios y los exorcismos. Sin embargo, se nota la grande unidad de los sacramentos y el redescubrimiento de los sacramentos de la Iniciación Cristiana como un todo: un sacramento en tres etapas sacramentales y la Eucaristía es el culmen de la Iniciación y de la incorporación plena en el Cuerpo de Cristo.
Se puede concluir en los siguientes puntos:
1. La prioridad de la Evangelización
Es esta la instancia prioritaria. La evangelización es evidente en el espacio hecho a la Palabra de Dios por una parte y a la fe–conversión por otra; espacio no tanto cuantitativamente sino cualitativamente. Viene subrayada una componente indispensable en la estructura de la Iniciación: se llega a ser cristiano porque se llega a la Palabra que ha sido proclamada, acogida y celebrada. La Palabra inicia, acompaña y sigue cada etapa del itinerario de Iniciación Cristiana: es primer anuncio en el pre catecumenado, llegar a ser profundización orgánica de la revelación y tradición eclesial en la fase del catecumenado, se hace mistagogía en la última etapa de la iniciación. También por cuanto respecta a la fe, ésta no es dada jamás sino como presupuesta: creer e un acontecimiento que nace “de lo alto”, de la acción del Espíritu Santo en nosotros y de la escucha viva de la Palabra de Dios (cfr. Rom 10, 17). El RICA está atento ante todo a no saltar las varias fases de situación de la fe misma y al hecho de que l fe no es solamente algo intelectual sino que es conversión y vida. El camino propuesto con sus varias etapas y celebraciones, explica la conciencia de la Iglesia que solo la palabra de Dios acogida, comprendida y vivida puede introducir en el misterio de la fe y de los sacramentos. La profundización de la fe no hace superfluo el cumplimiento del acto sacramental, con el que la iniciación llega a su culmen. De la Palabra a la liturgia y a los sacramentos de la Iglesia: este es el tema conductor de todo el RICA, desde la primera a la última etapa de su itinerario de iniciación. Limitarse ahora a concentrar la atención de modo predominante en la praxis sacramental, podría reducir al sacramento, separado de su vital contexto de fe, convertido en puro gesto exterior, sin reflejos fecundos en la vida.
2. La Unidad de los sacramentos de Iniciación Cristiana
El esfuerzo de evangelización debe poner un fundamento a la Iniciación Cristiana, la cual, articulándose en las etapas del bautismo, de la confirmación y de la Eucaristía, configura un evento sacramental unitario que funda la sucesiva experiencia cristiana y el crecimiento de toda la Iglesia. El nivel mínimo de esta unidad es, la unidad celebrativa. Hay un segundo nivel, más importante, constituido por la unidad teológica que comporta no solo un correcto orden en la celebración de los tres sacramentos, sino que ve en el Eucaristía el vértice de la Iniciación Cristiana. Todo el proceso catecumenal, en definitiva, está dirigido a la inserción del creyente en Cristo en la plenitud del don del Espíritu Santo, tal como se explica y se realiza especialmente en la celebración de los tres sacramentos estricta y orgánicamente conectados el uno al otro. Estos son tres eventos de un único misterio de configuración a Cristo en la Iglesia, de la cual, la Eucaristía es cumplimiento, recapitalización y consumación. La configuración a Cristo realizada en los primeros dos sacramentos, genera los fieles a una comunión plena con Él, actuada y alimentada sacramentalmente en la Eucaristía, para ser vivida en lo cotidiano. La unidad de los sacramentos de la Iniciación, entonces, antes que sean de orden cronológico, son de orden teológico y se fundamenta en la unidad misma de la economía de la salvación.
3. El rol fundamental de la Comunidad Eclesial
Las dos afirmaciones anteriores, de la prioridad de la evangelización y la unidad del itinerario de Iniciación Cristiana, conducen a una tercera idea que aparece como aquella inspiradora, en cualquier modo, de la completa propuesta: la afirmación, esto es, del rol de la comunidad local como lugar de iniciación. El lugar entonces, en que se realiza el itinerario de evangelización y de fe, es la comunidad cristiana en la cual se concretiza el misterio de la Iglesia universal. Repetidamente y de varios modos, el RICA subraya cómo toda la comunidad eclesial sea cointeresada en los cuatro tiempos fundamentales del itinerario catecumenal según sus diversos y específicos ministerios. Hay una solidaridad profunda, vital, materna, entre la comunidad y aquellos que, en ella, son «iniciados» al misterio. La iniciación es obra de la Iglesia que acoge y evangeliza a los simpatizantes, los asocia a sus miembros para nutrirlos, le acompaña con la oración y el testimonio, verifica su crecimiento espiritual y le “elige” para una preparación inmediata al bautismo, agregándolo finalmente a través de los sacramentos de iniciación al nuevo pueblo de Dios. La existencia cristiana resulta entonces, un camino integral –no intelectualista o ritualista o voluntarioso– que sucede dentro de la Iglesia. No hay una auténtica iniciación sacramental sino en la inserción en el contexto objetivo de la Iglesia y dentro del camino orgánico–progresivo que ella vive y propone. Bajo este aspecto, una de las novedades esenciales del RICA consiste precisamente en el haber sustraído los sacramentos de la Iniciación Cristiana del aislamiento que estuvieron colocados durante siglos, debido al prevalecer una mentalidad privada e individualista en su celebración–recibimiento, para afirmar la profunda unidad existente entre comunidad cristiana y camino de iniciación.
4. La Imagen del Cristiano Adulto La meta última del camino catecumenal es la figura del cristiano «iniciado» o adulto. De hecho, el itinerario catecumenal intentar guiar a los candidatos a desarrollar las dimensiones fundamentales de la existencia cristiana y el objetivo de todo este itinerario es de conducir a los candidatos a una pertenencia a la Iglesia lo más consciente posible, madura y por lo tanto, responsable, de modo que ellos, formada la personalidad cristiana en su globalidad, puedan cumplir, en la Iglesia y en el mundo la misión que le corresponde del Pueblo de Dios. Las modalidades fundamentales y mayormente expresivas de una madura y responsable pertenencia al Cuerpo de Cristo que es la Iglesia, son la fraternidad y el testimonio, es decir, una vida de verdadera comunión con los hermanos de fe en la participación a la idéntica misión, y el testimonio del hombre nuevo cuyos iniciados han sido revestidos en el bautismo.
[1] Augé M, L´iniziazione cristiana. Battesimo e Confermazione, ed. LAS, Roma 2004, 13–23. [2] Odo Casel, El misterio del culto, San Sebastián 1953. [3] De resurrection mortuorum, 8,3: CCL 2, 931. En otra parte, el mismo Tertuliano afirma que la Iglesia marca la fe «con el agua del bautismo, la reviste del Espíritu Santo, la nutre con la Eucaristía» (De præscriptione haereticorum, 36, 3: CCL 1, 217). [4] Discorso 227, 1: Nuova Biblioteca Agostiniana (edizione bilingue). Città Nuova, Roma 1965. [5] Cfr. STh, III, q. 73, a. 3; q. 9, a. [6] Cfr. Ritual para el Bautismo de los Niños 2 [7]Borobio D, La Iniciación Cristiana. Bautismo. Educación familiar. Primera Eucaristía. Catecumendado. Confirmación. Comunidad Cristiana, ed. Sígueme, Salamanca 22001, 214–215. [8] Borobio D, La celebración en la Iglesia I. Liturgia y Sacramentologia Fundamental, ed. Sígueme. Salamanca 41995, 161–172. Cfr. Flores J. J., Introducción a la Teología Litúrgica, CPL 20, Barcelona 2003, 57–156. [9] El texto latino así recita: «Cui evangelizationi integrum praecatechumenatus tempus tribuitur, ut maturescat vera voluntas Christum sequendi et Baptismum petendi». |
| Última actualización el Martes, 02 de Febrero de 2010 13:56 |










